Libro de apariciones

Serie de 35 electrografías de momentos que nunca existieron en transferidas a alta temperatura en placas fenolicas (cobre) y procesadas en vinagre blanco, agua oxigenada y sal.

Libro de apariciones

Arte, antropología, arqueología, historia, fotografía, land art, situacionismo, deriva, surrealismo, poesía, escultura, tecnología, intuición, memoria… pareciera que múltiples disciplinas y layers caben en cada escena creada por Minerva Hernández para invocar apariciones diversas, no sólo de diosas y animales, sino de ideas, de pensamientos y de dudas.

La revelación es una iluminación que sucede en la mente, es la sinapsis en su máxima expresión, es la comprensión del todo en el momento en que se tocan dos manos, se rozan dos dedos, se encuentran dos miradas.

Es el destello que produce el entendimiento cuando miramos al cielo y comprendemos, o al menos, creemos que comprendemos algo que antes ignorábamos.

A toda acción de sobreposición –parafraseando a Newton– corresponde una reacción de igual magnitud y en sentido contrario: sobreviene una alteración del orden natural de nuestra comprensión. A toda suma o multiplicación sobreviene una síntesis, un resultado abreviado, en el que 2 más 2 no son cuatro veces 1, sino solamente 4.

Sumar diosas de barro del periodo Formativo o Preclásico, o seres casi mitológicos como lo pueden ser la rana o la mariposa, a paisajes emblemáticos en la historia de la propia Minerva –el desierto de San Luis Potosí o alguna playa virgen del Pacífico mexicano–, dan como resultado una ruptura en el curso natural de nuestro entendimiento, un quiebre en el uso lógico de la razón, para ceder el paso a una nueva posibilidad, la revelación de otros mundos posibles, donde seres aparentemente asimilados y cotidianos en nuestra cultura –visual, mental, artística, natural–, salen de su posición habitual y se sitúan en otra realidad, una que también existe y nos rodea y nos inunda, aunque quizá nunca la hayamos visto, o en su defecto, aunque hayamos dejado de verla y apreciarla, como suele sucedernos con casi todo lo que cohabita con nosotros en el mundo.

A este ejercicio de la provocación, hay que sumar una propuesta innovadora en el soporte de las piezas: transferencias digitales en placas de cobre (fenólicas), abriendo otra línea de reflexión sobre los materiales, las sustancias que se utilizan en el “revelado” y en la “revelación” de la imagen misma, así como la durabilidad de la obra misma, de lo que representa, de lo que significa.

Estar sin estar, podría titularse esta serie, remitiéndonos a un juego del deterioro en el que hemos dejado de ver lo que está frente a nuestros ojos, en el que nuestra mente ha decidido bloquear la belleza, la sorpresa, el asombro de lo vivo, de lo extraordinario, para sumergirnos en el gris profundo e inalterado. Sólo bastaría imaginar algunas de estas presencias en paisajes urbanos, en el subterráneo del Metro, en el Zócalo capitalino, en un crucero de Eje Vial, en una explanada escolar.

¿Cuántas apariciones y revelaciones vivimos cada día, y decidimos desechar para no entrar en conflicto con nuestras mentes, acostumbradas a la lógica mundana? ¿Cuántos sentimientos y dudas nos asaltan en cada esquina, y decidimos cerrarles el paso para evitar sobresaltos, dilemas, confrontaciones con nosotros mismos? ¿Cuántas veces al día nos negamos a nosotros mismos para no tener que aceptar nuestra derrota frente a la rutina sin sentido?

Esa y no otra es la vocación del artista, ser una antena preparada para la descarga del asombro, para el encuentro con lo otro, para la negación de lo mismo. Esa es la vocación de Minerva Hernández, su preparación diaria, su alimento. ¿Para qué estamos aquí si no es para ese momento, para provocarlo, para reconocerlo cuando se presenta?

Estas apariciones que son en su mayoría revelaciones, o en otras palabras, que están ahí pero apenas reparamos en ellas, acaban por ubicarse como recordatorios de lo que hemos perdido en el camino, lo que hemos dejado de ver, de escuchar, de sentir, recordatorios de nuestra esencia más elemental, una hecha de posibilidades y de opciones, abiertas, libres, sin restricciones. El límite lo ponemos nosotros.

 

Alejandro Ortiz González

Exposición inaugurada en Radio Educación jueves 12 de mayo 2016

 

 

 

 

 

 

 

 

Agradecimientos:

Radio Educación, Liliana Muñoz Gómez, Yunuen Barajas, Alejandro Ortiz, Cristian Delgado y Xalik Ortiz por hacer posible esta exposición.

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